jueves, 18 de abril de 2013

La última vez que veo un tango en París

Esta semana, que me ha resultado sumamente tediosa, probé a atenuar el hastío viendo películas que tenía desde hace tiempo en mi lista.

Algunas relativamente recientes y lacrimógenas, otras no tanto; otras ya muy vistas pero que me apetecía volver a ver; otras de las que es mejor que no comente títulos por aquí para no agraviar la reputación de persona entendida en Cine que tanto me ha costado labrar, y una que me vi ayer en V.O.S. precisamente por el enorme compromiso que supone mantener dicha reputación.
Último tango en París.


Lo cierto es que en el minuto 10 ya sabía que no me iba a gustar, que se me iba a hacer eterna, y que me iba a obligar a terminarla porque soy así de masoca. Sólo por el placer de tacharla (apretando con fuerza el boli)

La anoté hace muchos años, precisamente por el título, sin saber absolutamente nada del argumento ni del tipo de película que era.

Mi problema es que tiendo a incluir en mi lista prácticamente toda película que lleve en su título “París” o “Roma” o lugares por el estilo. Así me pasó con “La última vez que vi París”, que no es que sea de mis favoritas, pero que me gustó más de lo que me esperaba ya que antes de verla no me habían hablado muy bien de ella, y claro, yendo predispuesta a ver algo mediocre tirando a malo, es fácil llevarme una grata sorpresa cuando el producto resultante no es de tan mala calidad como las expectativas me hacían creer.


martes, 23 de octubre de 2012

Nelumbos del Norte

Llevo unas cuantas noches leyendo un libro de portada desafortunada, a lo Ágata Ruiz de la Prada, que me regalaron mis amigas hace ¿6 ó 7 años? "99 Poemas de Amor" se llama. Y la horrenda tapa me había disuadido hasta entonces de empezarlo (por el qué dirán en el metro, no por otra cosa. Sí; a veces me permito ser así de superficial)


No me digáis que no tiene delito el diseño.

El caso es que pusieron en Antena3 una película malísima (de la que no diré título, por el qué diréis) pero que me dio la idea de desempolvar ese regalo y de leer un par de poemas por noche antes de dormir.

Quizás no recordéis la entrada que publiqué hace ya bastante tiempo sobre la reacción psicosomática que me producía leer las "Coplas a la Muerte de su Padre", de Jorge Manrique.

A mí me vino anoche a la mente, cuando sentí de nuevo esa sensación, mientras leía "Sonatina", de Rubén Darío, incluida en mi libro de mesilla. Ya sabéis, la de "La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?"

domingo, 2 de septiembre de 2012

Inspiración y cappuccino

Lo he vuelto a hacer.

He vuelto a caer en un libro que ya me he leído incontables veces. Pero tengo una explicación, necesitaba empaparme de su estilo.

Hace un mes, mientras tomaba un cappuccino de sobre que tenía de cappuccino sólo el nombre, leí la noticia de un certamen literario de estilo libre pero con la circunscripción de que figurasen Paisajes de la Celtiberia. No me presentaba a un certamen desde aquél promovido por el Museo del Romanticismo y, ahora que tenía algo más de tiempo, decidí arriesgarme.

El caso es que me costó poco tiempo definir la línea argumental que quería, pero buscaba que el estilo narrativo fuera acorde, con reminiscencias de buenas novelas enmarcadas en la Arqueología. Enseguida pensé en dos posibles candidatas para que me inspirasen en la gestación de mi relato: "Quimaira" (de la que ya comenté algo en una entrada anterior) y "El Último Catón".


Me decanté por la segunda. Sólo necesitaba leer unas cuantas páginas para impregnarme de los giros y formas que precisaba, pero al final he sucumbido. Y ya entregado mi relato para concursar, sigo leyéndola sin que vea visos de dejarla.


lunes, 16 de julio de 2012

Impulsos

Acabo de ver el avance (entendiéndose avance por tráiler, que parece que hay que "traducirlo" todo) en V.O. de "El Gran Gatsby" y me ha gustado la estética y la extraña (que no novedosa, recordemos la "María Antonieta" de Sofia Coppola) sensación que transmite escuchar una Banda Sonora contemporánea viendo imágenes que recrean unos idílicos y coloristas años 20. Aunque no sé si es porque la historia es lo suficientemente conocida en Estados Unidos, o porque ya existe una adaptación de 1974, pero el tráiler no me aclara mucho sobre la trama.


Y he sentido un impulso irrefrenable de dejar lo que estoy leyendo ahora y coger el libro que lleva lustros acumulando polvo en una de mis estanterías; una vieja edición encuadernada en piel y letras doradas grabadas en el tejuelo superior del lomo: "El Gran Gatsby", F. Scott Fitzgerald.

miércoles, 11 de julio de 2012

Grutescos

Lo confieso. Me gusta demasiado el lenguaje florido, y agradezco sumamente que el castellano se preste a ello. Sí, sé perfectamente que muchos de nuestros grandes escritores y poetas eran más puros y declarados, escribían sin circunloquios ni florituras, basándose en la sencillez, que no simplicidad, del lenguaje. Y también me gustan.

Pero no sé por qué motivo prefiero el barroquismo a la hora de redactar. Es algo que hago desde niña, ni me lo planteo. Es más, me cuesta un esfuerzo ímprobo intentar escribir llanamente.


Quizás me influyó demasiado en su momento el Príncipe de las Tinieblas con su "Soledades", y no, no estoy hablando del ángel caído ni de Ozzy Osbourne, sino de Góngora y su famoso periodo de oscurantismo e ininteligibilidad.


Luis de Góngora y Argote

lunes, 2 de julio de 2012

Docere et Delectare

Lo puedo explicar. No es que haya estado tres meses sin leer un libro, sino que los dos libros que he leído eran tan técnicos y especializados que dedicarles una entrada me habría resultado tedioso hasta a mí. Me ahogaba en un mar de terminología.

Ahora estoy con una verdadera obra de arte de la Literatura patria que llevaba demorando demasiado tiempo: "El Conde Lucanor", versión castellano antiguo. Título completo: "Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio", para ser más exactos.


Y me vais a permitir que me contagie de él en lo que a estilo se refiere (no completamente, porque si no, la entrada iba a ser un tanto enrevesada y tampoco quiero que os durmáis)


Infante Don Juan Manuel

lunes, 19 de marzo de 2012

El tiempo entre lecturas

Es verdad que llevo tiempo sin publicar nada, aunque no sé si disculparme por ello. No ha sido por dejadez (bueno, quizás un poco) Lo cierto es que he estado bastante ocupada, pero no tanto como para no haber leído nada en estos dos meses sin escribir.

De hecho, mi lectura empezó casi por compromiso, pues el libro en cuestión me lo habían prestado y me sentía en la obligación de no demorarme en devolverlo. Y un día que tenía cita médica, sabiendo que se iba a alargar, fui previsora y lo cogí.


Por si acaso alguno no lo ha descubierto ya por la semejanza del título de la entrada, el libro era "El tiempo entre costuras" de María Dueñas.


El comienzo prometía, una lectura ágil y fluida, con cierto atractivo que enganchaba, situada en un pasado lo suficientemente reciente como para no caer en los recursos del manido género de novelas históricas en los que indefectiblemente los personajes tienden a tener una mentalidad anacrónica sospechosamente parecida a la actual. Pero heme aquí que a partir del segundo capítulo surgió un escollo: la protagonista empezó a comportarse a mi parecer como una estúpida, alguien incapaz de utilizar la cabeza para algo más que para pasear el pelo, y ese tipo de personajes no los llevo muy bien.